miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Familia feliz? ¿Eso existe?

Se avecinaba el final del verano, y con ello, el final de una familia.
Era una mañana de septiembre y una niña de unos 6 años se encontraba en el salón de su casa abrazada a su peluche favorito.
La salida de su casa no se encontraba despejada como de costumbre. Su cuarto, había quedado reducido a las cajas y maletas que entorpecían el paso a la calle.
Aquella inocente niña no conseguía entender nada. Acababan de llegar de pasar el verano en la casa de la playa, ¿dónde iban ahora? ¿otra vez de viaje? << Tal vez vayamos a Disney>> pensó. Pero nada más lejos de la realidad.
Normalmente, esta niña habría hecho un sin fin de preguntas, ya que hoy, casi 11 años después se le sigue caracterizando por ser una curiosa y una charlatana. Pero aquel día algo le hizo intuir que no quería saber la respuesta.
Poco después, subió al coche de su madre, su padre se quedó en casa pero esto no le extrañó, lo raro hubiese sido que viniese con ellos. Desde hacía un tiempo atrás, él nunca salía con ellas y en casa Victoria se encerraba en su cuarto pues tenía miedo de bajar las escaleras y escuchar aquellos gritos y discusiones.
Unas calles más allá, bajaron del coche y subieron a un piso de fachada amarilla.
Su madre le dijo que escogiese habitación, no entendía nada pero sin saber para qué las observó y vio una con una cenefa de ositos, cerca del cuarto de su madre, escogió esa, dejándole a su hermano una en la otra punta de la casa, separada de todo. A él nunca le había gustado pasar tiempo con la familia.
Poco a poco fue decorando la habitación con sus cosas, deshaciendo las maletas y acostumbrándose a su nueva casa.
Nadie le explicó entonces por qué no volvieron aquella noche a dormir a su casa de siempre, o por qué su padre no los acompañó, y todavía sigue sin comprenderlo.

Solo yo sé las tardes que pasé sola en el balcón esperando a mi padre, las veces que he tenido que mirar hacia otro lado cuando veía una familia porque me dolía no tener una unida, lo mucho que me costaba explicar en clase por qué ese fin de semana no podía quedar. Pero claro, "yo era una niña, no me acuerdo, no me importó".
¿El tiempo todo lo cura? Debo de ser débil, pues sigo teniendo la esperanza de que se perdonen, de que dejen a sus nuevas familias, de poder comernos una pizza los cuatro juntos mientras vemos una película, como solíamos hacer.

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