Mi abuela paterna, después de luchar contra el cáncer de mama, va a hacer 10 años que murió. Luchó y se recuperó, pero vinieron los problemas de corazón y decidieron que un día durmiese y no despertase jamás. Me acuerdo perfectamente del momento en que mi padre recibió la llamada. Mis primas, mi tía, todos llorando y yo no entendía la gravedad del asunto.
Mi abuelo materno, murió 4 meses antes de que comulgase, no pudo verme vestida de princesa, y ¿sabéis? le hacía más ilusión que incluso a mí.
El día más triste de mi vida sucedió un 4 de abril de 2011. Me encontraba en el instituto, miré mi móvil y vi 6 llamadas perdidas de mi padre, comencé a llorar y mi compañero me abrazó, le conté que el día anterior estuve en el hospital, que mi abuelo se moría, me dijo que no me preocupase. El profesor me dio permiso para salir de clase. Llamé a mi padre llorando y me preguntó: "¿Es que ya has hablado con tus primas?, ¿qué te han contado?" No me habían contado nada pero con esas palabras supe que jamás volvería ver sonreír a esa persona por la que llevo el apellido que tanto os cuesta no equivocaros con él.Me dijo que había muerto a las 7 de la mañana, os juro que se me cayó el mundo al suelo. Entré a clase y todos vinieron a abrazarme, a decirme "Si necesitas algo..." Se lo agradezco, hicieron más de lo que estaba en sus manos.
Lo que peor me pone es que es la segunda vez que alguien importante para mí entra a un mismo hospital, y por mierdas de negligencias médicas no sale vivo.
Todo esto sucedió un lunes, y fue la peor semana de mi vida. Pero fue ahí cuando me di cuenta de quién merece la pena, estuve recibiendo sms, mensajes en tuenti, y miradas de compasión.
Llegué al tanatorio y quería verlo, tenía la esperanza de que fuese mentira.
Me quedé sola en aquella habitación inundada de dolor, me acerqué a un cristal, levanté la cabeza y... lo vi, estaba tan guapo como de costumbre, acostado, de traje, elegante, rodeado de flores, no pude evitar romper a llorar. Era oficial, jamás volvería a equivocarse con mi nombre, jamás me pediría un beso a cambio de dinero para comprar chuches, jamás volvería a escuchar ese "nena" que tanto me gustaba.
Pasó el lunes, gente entraba y salia del tanatorio, pero las únicas que podían lograr entenderme son esas dos chicas que perdieron a la misma persona que yo.
Llegó martes, las 5 de la tarde, hora de ver cómo desaparecía de detrás del cristal, llegar al pueblo y escuchar la misa más triste en la que jamás habías estado y... Cuando llegas al cementerio, abren la caja por última vez y ves cómo lo suben y echan cemento, miras al cielo y dices "Hasta siempre tata, sé acabó el sufrimiento para ti, pero yo te necesitaba aquí."
Todavía lloro cuando recuerdo todo esto, mi teclado puede dar fe de ello.
Me queda mi abuela materna, vive en una residencia y no se acuerda de mí. Cada vez que la veo voy corriendo y le digo "Abuelitaaaaaa" y ella me responde "espérate que me acuerde de quién eres" Aun así, me sigue encantando recordarle quién soy, ella no sabe bien quien soy yo, pero yo sí sé quién es ella, y sé todo lo que me ha enseñado. Solo consigue acordarse de las noches que dormí con ella, de las veces que rezábamos juntas antes de dormir, me conformo, es un buen recuerdo.
Sí, no he tenido mucha suerte, por eso tengo un odio infinito a aquellos que no saben apreciar a los abuelos que tienen.
Cuídalos, ellos lo harían.

No hay comentarios:
Publicar un comentario