He gastado casi tres años de mi vida en construir una muralla a mi alrededor.
Esta muralla, siempre ha sido infranqueable para cualquier persona del sexo opuesto.
En cuanto mis hormonas empezaron a revolucionarse, supe que sufriría y puse todo mi empeño en impedirlo. En cierto modo, lo conseguí.
No sé si decir "por culpa" de esta muralla, desde que empecé a construirla, no he dejado que nadie que no sea chica entre en mi vida, ni siquiera como amigo, por miedo a sufrir en un futuro.
Creedme si os digo, que es fuerte, que quien ha intentado sobrepasarla, se ha arrepentido pues se ha ganado mi antipatía. Sí, no me siento orgullosa pues he perdido más de un amigo.
Como en todo, siempre hay una excepción que confirma la regla.
Solamente ha habido una persona que ha debilitado esta muralla, tiene algo especial y todavía intento descubrir qué es, por qué no logro protegerme contra él.
Aunque sé que a él le hubiese gustado no tener ese "poder", yo esto no lo he podido elegir, y no tener el control de mis sentimientos, es algo que me saca de quicio.
Fue por él por quien empecé a construirla y es con quien menos efectiva es. En cierto modo, me alegro. Si la muralla hubiese funcionado como con todos, seguramente no habría pasado rachas malas por él, pero tampoco habría tenido la oportunidad de llegar a conocerlo.
A día de hoy, puesto que la muralla no me sirve para el fin con que la construí, intento derruirla.
Pero creo que no hay marcha atrás, creo que es demasiado tarde y sus muros son demasiado fuertes.
Pierdo oportunidades, que quizá sean buenas para mí por su culpa, no consigo abrirme más de un día.
Me explico, un día aparece un chico, hablo con él, incluso puedo tontear con él, parece que está saltando la muralla, pero durante la noche, esta barrera hace su función y lo echa, consigue generar en mi un odio hacia ese chico que lo único que consigue es que al día siguiente, sea una borde y el valiente que se ha atrevido a intentar sobrepasarla, se termine por hartar. Con el paso del tiempo, puede volver a intentarlo, pero es un círculo vicioso.
Le doy un día, a veces pienso que es más que suficiente, pero no consiguen aprovecharlo.
Si quieres ser mi amigo, puedes intentarlo, no garantizo nada, pero no es imposible, supongo.
Tengo miedo de no conseguir derruir la dichosa muralla, pero tampoco me imagino sin ella. Han sido muchas las veces que he dicho "creo que he nacido para estar sola, me canso de la gente." Sí, también me canso de mis amigas, pero tardo algo más, no digo que no llegue el momento. Tienen alrededor de un año. Pasado este tiempo, suelo cambiar de gente. Espero que esta vez no se cumpla, en verano hará un año que voy con mis amigas y ya estoy trabajando en que ellas sean otra excepción.
Esta barrera forma parte de mí, has de aceptarla y ayudarme poniendo mucho de ti a que no se cumpla la regla general.
Nadie dijo que fuese fácil ser alguien en mi vida, pero merecerá la pena, en el tiempo que te permita estar ahí, haré todo cuanto esté en mis manos por ti. Un truco, soy una persona solitaria, aprecio el silencio y mi intimidad. A veces creo que cuanto menos veo a una persona, más puedo llegar a apreciarla.
domingo, 24 de febrero de 2013
miércoles, 20 de febrero de 2013
¿Familia feliz? ¿Eso existe?
Se avecinaba el final del verano, y con ello, el final de una familia.
Era una mañana de septiembre y una niña de unos 6 años se encontraba en el salón de su casa abrazada a su peluche favorito.
La salida de su casa no se encontraba despejada como de costumbre. Su cuarto, había quedado reducido a las cajas y maletas que entorpecían el paso a la calle.
Aquella inocente niña no conseguía entender nada. Acababan de llegar de pasar el verano en la casa de la playa, ¿dónde iban ahora? ¿otra vez de viaje? << Tal vez vayamos a Disney>> pensó. Pero nada más lejos de la realidad.
Normalmente, esta niña habría hecho un sin fin de preguntas, ya que hoy, casi 11 años después se le sigue caracterizando por ser una curiosa y una charlatana. Pero aquel día algo le hizo intuir que no quería saber la respuesta.
Poco después, subió al coche de su madre, su padre se quedó en casa pero esto no le extrañó, lo raro hubiese sido que viniese con ellos. Desde hacía un tiempo atrás, él nunca salía con ellas y en casa Victoria se encerraba en su cuarto pues tenía miedo de bajar las escaleras y escuchar aquellos gritos y discusiones.
Unas calles más allá, bajaron del coche y subieron a un piso de fachada amarilla.
Su madre le dijo que escogiese habitación, no entendía nada pero sin saber para qué las observó y vio una con una cenefa de ositos, cerca del cuarto de su madre, escogió esa, dejándole a su hermano una en la otra punta de la casa, separada de todo. A él nunca le había gustado pasar tiempo con la familia.
Poco a poco fue decorando la habitación con sus cosas, deshaciendo las maletas y acostumbrándose a su nueva casa.
Nadie le explicó entonces por qué no volvieron aquella noche a dormir a su casa de siempre, o por qué su padre no los acompañó, y todavía sigue sin comprenderlo.
Solo yo sé las tardes que pasé sola en el balcón esperando a mi padre, las veces que he tenido que mirar hacia otro lado cuando veía una familia porque me dolía no tener una unida, lo mucho que me costaba explicar en clase por qué ese fin de semana no podía quedar. Pero claro, "yo era una niña, no me acuerdo, no me importó".
¿El tiempo todo lo cura? Debo de ser débil, pues sigo teniendo la esperanza de que se perdonen, de que dejen a sus nuevas familias, de poder comernos una pizza los cuatro juntos mientras vemos una película, como solíamos hacer.
Era una mañana de septiembre y una niña de unos 6 años se encontraba en el salón de su casa abrazada a su peluche favorito.
La salida de su casa no se encontraba despejada como de costumbre. Su cuarto, había quedado reducido a las cajas y maletas que entorpecían el paso a la calle.
Aquella inocente niña no conseguía entender nada. Acababan de llegar de pasar el verano en la casa de la playa, ¿dónde iban ahora? ¿otra vez de viaje? << Tal vez vayamos a Disney>> pensó. Pero nada más lejos de la realidad.
Normalmente, esta niña habría hecho un sin fin de preguntas, ya que hoy, casi 11 años después se le sigue caracterizando por ser una curiosa y una charlatana. Pero aquel día algo le hizo intuir que no quería saber la respuesta.
Poco después, subió al coche de su madre, su padre se quedó en casa pero esto no le extrañó, lo raro hubiese sido que viniese con ellos. Desde hacía un tiempo atrás, él nunca salía con ellas y en casa Victoria se encerraba en su cuarto pues tenía miedo de bajar las escaleras y escuchar aquellos gritos y discusiones.
Unas calles más allá, bajaron del coche y subieron a un piso de fachada amarilla.
Su madre le dijo que escogiese habitación, no entendía nada pero sin saber para qué las observó y vio una con una cenefa de ositos, cerca del cuarto de su madre, escogió esa, dejándole a su hermano una en la otra punta de la casa, separada de todo. A él nunca le había gustado pasar tiempo con la familia.
Poco a poco fue decorando la habitación con sus cosas, deshaciendo las maletas y acostumbrándose a su nueva casa.
Nadie le explicó entonces por qué no volvieron aquella noche a dormir a su casa de siempre, o por qué su padre no los acompañó, y todavía sigue sin comprenderlo.
Solo yo sé las tardes que pasé sola en el balcón esperando a mi padre, las veces que he tenido que mirar hacia otro lado cuando veía una familia porque me dolía no tener una unida, lo mucho que me costaba explicar en clase por qué ese fin de semana no podía quedar. Pero claro, "yo era una niña, no me acuerdo, no me importó".
¿El tiempo todo lo cura? Debo de ser débil, pues sigo teniendo la esperanza de que se perdonen, de que dejen a sus nuevas familias, de poder comernos una pizza los cuatro juntos mientras vemos una película, como solíamos hacer.
sábado, 16 de febrero de 2013
Una sencilla fórmula para hacerme feliz.
¿Y si nunca consigo pasar página? ¿A quién deberé echarle las culpas? ¿A caso tiene alguien la culpa?
Prefiero creer que si no consigo sacarte de mi cabeza, es porque ese es tu lugar.
No puedo aplicar aquello de "un clavo saca a otro clavo" porque no existen más clavos para mí, por lo menos, no de momento.
Siempre parezco feliz, intento ser positiva porque aparentemente, todo irá mejor así. Pero llega un momento en el que te cansas de todo, todo a tu alrededor se vuelve inestable.
A veces, estáis tan ciegos con vuestros problemas que no sois capaces de daros cuenta de que vuestra amiga se consume poco a poco. De que cada día encuentra menos razones para seguir adelante.
No pretendo que me preguntéis qué me pasa, eso no me hará sentir mejor.
Si por cierto o por desgracia te ha tocado tenerme en tu vida, sabes que para combatir mi tristeza no hay mejor analgésico que una tarde de risas y un abrazo. Jamás rechazo estas propuestas, en cambio, sí rechazo un "¿qué te pasa?" porque antes de necesitar alguien que escuche mis problemas, necesito alguien que me sepa hacer olvidarlos.
¿Cómo sabes si lo has conseguido? Cuando estés 20 minutos conmigo, si no he mirado el móvil, si no me has sorprendido con la mirada perdida, si no he dejado de sonreír, has conseguido que olvide cualquier cosa que me pueda poner mal durante un rato. Si lo consigues, enhorabuena. No soy difícil de distraer cuando de problemas se trata y es algo que valoro mucho en la gente.
Prefiero creer que si no consigo sacarte de mi cabeza, es porque ese es tu lugar.
No puedo aplicar aquello de "un clavo saca a otro clavo" porque no existen más clavos para mí, por lo menos, no de momento.
Siempre parezco feliz, intento ser positiva porque aparentemente, todo irá mejor así. Pero llega un momento en el que te cansas de todo, todo a tu alrededor se vuelve inestable.
A veces, estáis tan ciegos con vuestros problemas que no sois capaces de daros cuenta de que vuestra amiga se consume poco a poco. De que cada día encuentra menos razones para seguir adelante.
No pretendo que me preguntéis qué me pasa, eso no me hará sentir mejor.
Si por cierto o por desgracia te ha tocado tenerme en tu vida, sabes que para combatir mi tristeza no hay mejor analgésico que una tarde de risas y un abrazo. Jamás rechazo estas propuestas, en cambio, sí rechazo un "¿qué te pasa?" porque antes de necesitar alguien que escuche mis problemas, necesito alguien que me sepa hacer olvidarlos.
¿Cómo sabes si lo has conseguido? Cuando estés 20 minutos conmigo, si no he mirado el móvil, si no me has sorprendido con la mirada perdida, si no he dejado de sonreír, has conseguido que olvide cualquier cosa que me pueda poner mal durante un rato. Si lo consigues, enhorabuena. No soy difícil de distraer cuando de problemas se trata y es algo que valoro mucho en la gente.
jueves, 7 de febrero de 2013
Cuidadlos, ellos lo harían.
Aquellos que tenéis abuelos y no los disfrutáis, incluso los maltratáis, ¿en serio?
Mi abuela paterna, después de luchar contra el cáncer de mama, va a hacer 10 años que murió. Luchó y se recuperó, pero vinieron los problemas de corazón y decidieron que un día durmiese y no despertase jamás. Me acuerdo perfectamente del momento en que mi padre recibió la llamada. Mis primas, mi tía, todos llorando y yo no entendía la gravedad del asunto.
Me dijo que había muerto a las 7 de la mañana, os juro que se me cayó el mundo al suelo. Entré a clase y todos vinieron a abrazarme, a decirme "Si necesitas algo..." Se lo agradezco, hicieron más de lo que estaba en sus manos.
Lo que peor me pone es que es la segunda vez que alguien importante para mí entra a un mismo hospital, y por mierdas de negligencias médicas no sale vivo.
Todo esto sucedió un lunes, y fue la peor semana de mi vida. Pero fue ahí cuando me di cuenta de quién merece la pena, estuve recibiendo sms, mensajes en tuenti, y miradas de compasión.
Llegué al tanatorio y quería verlo, tenía la esperanza de que fuese mentira.
Me quedé sola en aquella habitación inundada de dolor, me acerqué a un cristal, levanté la cabeza y... lo vi, estaba tan guapo como de costumbre, acostado, de traje, elegante, rodeado de flores, no pude evitar romper a llorar. Era oficial, jamás volvería a equivocarse con mi nombre, jamás me pediría un beso a cambio de dinero para comprar chuches, jamás volvería a escuchar ese "nena" que tanto me gustaba.
Pasó el lunes, gente entraba y salia del tanatorio, pero las únicas que podían lograr entenderme son esas dos chicas que perdieron a la misma persona que yo.
Llegó martes, las 5 de la tarde, hora de ver cómo desaparecía de detrás del cristal, llegar al pueblo y escuchar la misa más triste en la que jamás habías estado y... Cuando llegas al cementerio, abren la caja por última vez y ves cómo lo suben y echan cemento, miras al cielo y dices "Hasta siempre tata, sé acabó el sufrimiento para ti, pero yo te necesitaba aquí."
Todavía lloro cuando recuerdo todo esto, mi teclado puede dar fe de ello.
Me queda mi abuela materna, vive en una residencia y no se acuerda de mí. Cada vez que la veo voy corriendo y le digo "Abuelitaaaaaa" y ella me responde "espérate que me acuerde de quién eres" Aun así, me sigue encantando recordarle quién soy, ella no sabe bien quien soy yo, pero yo sí sé quién es ella, y sé todo lo que me ha enseñado. Solo consigue acordarse de las noches que dormí con ella, de las veces que rezábamos juntas antes de dormir, me conformo, es un buen recuerdo.
Sí, no he tenido mucha suerte, por eso tengo un odio infinito a aquellos que no saben apreciar a los abuelos que tienen.
Cuídalos, ellos lo harían.
Mi abuela paterna, después de luchar contra el cáncer de mama, va a hacer 10 años que murió. Luchó y se recuperó, pero vinieron los problemas de corazón y decidieron que un día durmiese y no despertase jamás. Me acuerdo perfectamente del momento en que mi padre recibió la llamada. Mis primas, mi tía, todos llorando y yo no entendía la gravedad del asunto.
Mi abuelo materno, murió 4 meses antes de que comulgase, no pudo verme vestida de princesa, y ¿sabéis? le hacía más ilusión que incluso a mí.
El día más triste de mi vida sucedió un 4 de abril de 2011. Me encontraba en el instituto, miré mi móvil y vi 6 llamadas perdidas de mi padre, comencé a llorar y mi compañero me abrazó, le conté que el día anterior estuve en el hospital, que mi abuelo se moría, me dijo que no me preocupase. El profesor me dio permiso para salir de clase. Llamé a mi padre llorando y me preguntó: "¿Es que ya has hablado con tus primas?, ¿qué te han contado?" No me habían contado nada pero con esas palabras supe que jamás volvería ver sonreír a esa persona por la que llevo el apellido que tanto os cuesta no equivocaros con él.Me dijo que había muerto a las 7 de la mañana, os juro que se me cayó el mundo al suelo. Entré a clase y todos vinieron a abrazarme, a decirme "Si necesitas algo..." Se lo agradezco, hicieron más de lo que estaba en sus manos.
Lo que peor me pone es que es la segunda vez que alguien importante para mí entra a un mismo hospital, y por mierdas de negligencias médicas no sale vivo.
Todo esto sucedió un lunes, y fue la peor semana de mi vida. Pero fue ahí cuando me di cuenta de quién merece la pena, estuve recibiendo sms, mensajes en tuenti, y miradas de compasión.
Llegué al tanatorio y quería verlo, tenía la esperanza de que fuese mentira.
Me quedé sola en aquella habitación inundada de dolor, me acerqué a un cristal, levanté la cabeza y... lo vi, estaba tan guapo como de costumbre, acostado, de traje, elegante, rodeado de flores, no pude evitar romper a llorar. Era oficial, jamás volvería a equivocarse con mi nombre, jamás me pediría un beso a cambio de dinero para comprar chuches, jamás volvería a escuchar ese "nena" que tanto me gustaba.
Pasó el lunes, gente entraba y salia del tanatorio, pero las únicas que podían lograr entenderme son esas dos chicas que perdieron a la misma persona que yo.
Llegó martes, las 5 de la tarde, hora de ver cómo desaparecía de detrás del cristal, llegar al pueblo y escuchar la misa más triste en la que jamás habías estado y... Cuando llegas al cementerio, abren la caja por última vez y ves cómo lo suben y echan cemento, miras al cielo y dices "Hasta siempre tata, sé acabó el sufrimiento para ti, pero yo te necesitaba aquí."
Todavía lloro cuando recuerdo todo esto, mi teclado puede dar fe de ello.
Me queda mi abuela materna, vive en una residencia y no se acuerda de mí. Cada vez que la veo voy corriendo y le digo "Abuelitaaaaaa" y ella me responde "espérate que me acuerde de quién eres" Aun así, me sigue encantando recordarle quién soy, ella no sabe bien quien soy yo, pero yo sí sé quién es ella, y sé todo lo que me ha enseñado. Solo consigue acordarse de las noches que dormí con ella, de las veces que rezábamos juntas antes de dormir, me conformo, es un buen recuerdo.
Sí, no he tenido mucha suerte, por eso tengo un odio infinito a aquellos que no saben apreciar a los abuelos que tienen.
Cuídalos, ellos lo harían.
miércoles, 6 de febrero de 2013
A veces me pregunto "¿Merece la pena seguir?"
¿Alguna vez habéis pensado "no puedo más, abandono"? ¿Alguna vez habéis llorado de rabia porque pensáis que no servís para nada?
Pues bien, para mí hoy ha sido uno de esos días. Uno de esos días en los que no te sale bien nada de lo que te propones.
Hoy, me he tenido que replantear si debo seguir hacia delante, si no estaré perdiendo el tiempo, si es posible aprender. Si no soy un estorbo para las demás.
Y pensando, me pregunto "¿dónde está todo ese apoyo que un día me prometieron?" No existe. Se quedaron en palabras.
Es cierto que quien algo quiere, algo le cuesta, pero a veces, para conseguirlo necesitas a alguien que siga creyendo en ti incluso cuando tú ya has dejado de hacerlo.
Me he visto rodeada de gente mayor y menor que yo, pero todos mucho mejores que yo.
Me encuentro sola delante de gente que jamás había visto, jugando un deporte que jamás había practicado y sintiendo una impotencia que jamás había experimentado. Impotencia porque las observo, las intento imitar y no lo consigo.
"Nadie nace sabiendo". Esa frase me la repito cada vez que me ato las zapatillas y salgo a la pista, pero cada día me quedan menos fuerzas.
Y entonces ¿por qué sigo? Pues porque todos confían en que me daré por vencida. Os voy a dar una mala noticia, voy a seguir haciendo lo que me caracteriza, voy a seguir dando lo mejor de mí, no pienso rendirme tan fácilmente. Esta vez no podréis decirme "te lo dije".
Siempre merece la pena seguir y luchar por aquello que te gusta. Querer es poder. Como dice Coelho, "Cuando deseas algo muy fuertemente, todo el Universo conspira para que se haga realidad." Quedaos con eso.
Pues bien, para mí hoy ha sido uno de esos días. Uno de esos días en los que no te sale bien nada de lo que te propones.
Hoy, me he tenido que replantear si debo seguir hacia delante, si no estaré perdiendo el tiempo, si es posible aprender. Si no soy un estorbo para las demás.
Y pensando, me pregunto "¿dónde está todo ese apoyo que un día me prometieron?" No existe. Se quedaron en palabras.
Es cierto que quien algo quiere, algo le cuesta, pero a veces, para conseguirlo necesitas a alguien que siga creyendo en ti incluso cuando tú ya has dejado de hacerlo.
Me he visto rodeada de gente mayor y menor que yo, pero todos mucho mejores que yo.
Me encuentro sola delante de gente que jamás había visto, jugando un deporte que jamás había practicado y sintiendo una impotencia que jamás había experimentado. Impotencia porque las observo, las intento imitar y no lo consigo.
"Nadie nace sabiendo". Esa frase me la repito cada vez que me ato las zapatillas y salgo a la pista, pero cada día me quedan menos fuerzas.
Y entonces ¿por qué sigo? Pues porque todos confían en que me daré por vencida. Os voy a dar una mala noticia, voy a seguir haciendo lo que me caracteriza, voy a seguir dando lo mejor de mí, no pienso rendirme tan fácilmente. Esta vez no podréis decirme "te lo dije".
Siempre merece la pena seguir y luchar por aquello que te gusta. Querer es poder. Como dice Coelho, "Cuando deseas algo muy fuertemente, todo el Universo conspira para que se haga realidad." Quedaos con eso.
domingo, 3 de febrero de 2013
¿Quiénes somos?
Me he planteado muchas veces quién soy y por qué o para qué estoy aquí, pero jamás he sabido resolver mis dudas, quizá porque no haya un por qué.
Intentamos saber, definir, conocer cada cosa y su origen, pero posiblemente en este caso no haya una respuesta para el quién o qué soy o qué he venido a hacer aquí.
Yo sé quién soy, dónde vivo y cuántos años tengo, sé que soy persona. ¿Pero qué me diferencia de los demás? Lo que me puedas responder, no responde a mis miles de dudas sobre lo que soy, lo que fui o lo que seré un día.
Son preguntas que todos nos hemos hecho en algún momento de nuestra vida, yo me las hago día a día, estoy convencida de que nadie nace por casualidad, de que debemos encontrar aquello a lo que hemos venido a hacer.
¿No os ha pasado nunca que en muy poco tiempo congeniáis demasiado bien con alguien? Bien, ¿por qué esto no puede ser fruto de otra vida? Quizá esa persona y tú os conocisteis en otra vida, no es una coincidencia que la conocieses, que llegase a tu vida, os habéis conocido rápido, disfrutado y terminado lo que un día quizá no pudo terminar.
Quizá todo esto sean tonterías, pero yo simplemente me limito a buscar respuestas a las miles de preguntas existenciales que me aparecen día a día.
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