Después de muchos meses me decido a volver a escribir. Siento escalofríos al pensar todo lo que ha cambiado desde mi última entrada, todo lo que he madurado y todo lo que aun me queda por madurar. Noto cómo se me pone la piel de gallina ante la idea de volver a publicar aquí. ¿Que qué me ha ayudado? Que toda historia necesita su final, que cuando abandonas algo sin haber cerrado la herida por completo, siempre vuelves. Y aquí estoy. Nunca dejé de escribir y mi cara se iluminó cuando una profesora nos propuso escribir un blog en inglés. Creo que hoy, tras mi última entrada en ese blog, he necesitado transcribirla. He sentido melancolía de todo lo que sentía al escribir y al esperar que alguien leyese lo que yo publicaba. Casi se me olvida la emoción que sientes al publicar la entrada y el orgullo que te invade cuando alguien te felicita por ella. Frente a las 7 entradas que va a tener mi blog publicadas en 2014 están las 41 de 2013. Yo sí sé qué ocasionó el abandono y es que alguien me robó un trozo de corazón, y creo que en ese trozo albergaba toda mi inspiración. O que quizá dejé de sentir tristeza y por primera vez en mucho tiempo, en este año he aprendido a ser feliz. Y si no es cierto que las cosas más bonitas se escriben desde la tristeza, que vengan y me lo desmientan. Porque a mí la felicidad me nubla el sentido.
2014 ha sido un año tan completo. De los que marcan, de los que hablarás de ellos en tus mejores anécdotas. Porque alguien me dijo que este podría ser mi año y, sí. He cumplido 18 años y he hecho básicamente todo lo que ya había hecho, pero legalmente. He disfrutado como una cría de las pequeñas oportunidades que la vida me ha ido brindando. He forjado vínculos que no desearía que se echaran a perder. Después de pronunciar las últimas palabras de mi discurso de graduación, cerré una puerta y me di por satisfecha porque, al cerrar esa puerta, di por cerrada una etapa de mi vida y abrí un ventanal aun más grande desde el que tengo unas vistas maravillosas de la etapa que comencé apenas unos meses. Tengo grandes expectativas de los próximos años. 2014 me ha servido de transición entre lo que era y lo que quiero ser. Ha sido un año puente en el que además, he cumplido varios sueños y sido feliz hasta decir basta. A partir de aquí, no sé qué va a venir, pero sé que soy más fuerte que antes y que una vez escrito esto, quizá las siguientes vengan solas.
lunes, 22 de diciembre de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
4 de abril.
6 llamadas perdidas en un día de instituto en clase de lengua, nunca puede ser una buena señal. Y un "¿ya te lo han contado?", si me apuras, aún es un símbolo que trae consigo peores connotaciones.
¿Quién debería haberme contado algo? ¿Qué algo debería haberme contado alguien? ¿Qué debería saber? ¿Realmente quiero saberlo? Y no. La respuesta siempre es no. No quería saberlo. Ni quiero pensarlo ahora. Pero las verdades duelen. Caen como jarros de agua fría. Y no hay sonrisa que pueda ser utilizada como paraguas contra esa tormenta. La muerte llega como un huracán y todo se lo lleva, y a su paso, no encuentras más que desolación.
Que tres años se dicen pronto, pero son tres años vacíos, en los que me faltas, en los que ahora entiendo el valor de la pérdida, en lo que rezo para que sepas que te quiero, y que sobre todo, siempre habrá una parte de ti en mí, tu herencia más preciada, tu apellido.
Prometo escribirte cada 4 de abril, para decir todo aquello que nunca supimos decirnos el uno al otro.
¿Quién debería haberme contado algo? ¿Qué algo debería haberme contado alguien? ¿Qué debería saber? ¿Realmente quiero saberlo? Y no. La respuesta siempre es no. No quería saberlo. Ni quiero pensarlo ahora. Pero las verdades duelen. Caen como jarros de agua fría. Y no hay sonrisa que pueda ser utilizada como paraguas contra esa tormenta. La muerte llega como un huracán y todo se lo lleva, y a su paso, no encuentras más que desolación.
Que tres años se dicen pronto, pero son tres años vacíos, en los que me faltas, en los que ahora entiendo el valor de la pérdida, en lo que rezo para que sepas que te quiero, y que sobre todo, siempre habrá una parte de ti en mí, tu herencia más preciada, tu apellido.
Prometo escribirte cada 4 de abril, para decir todo aquello que nunca supimos decirnos el uno al otro.
martes, 25 de marzo de 2014
Dieciocho.
No sé qué cambio se supone que hay entre hace unos minutos y ahora. Legalmente, hace unos minutos mis límites eran cuantiosos, ahora puedo hacer algunas (pocas) cosas más.
Personalmente, espero que entre mis 17 y mis 18 no haya ningún cambio significativo. Soy consciente de que cada vez existen más responsabilidades, pero soy mucho más consciente de que una simple cifra no cambiará mi inmadurez, de que la mayoría de edad no evitará que siga pensando que en el fondo soy como una niña, pasen los años que pasen, mi torpeza no mejorará, sino que probablemente e problema se agravará, mis inseguridades crecerán a mi son y los fantasmas que llevo conmigo no se alejarán solo porque, según la constitución, tengo derecho a votar.
Me voy a permitir ser caprichosa y avariciosa a partes iguales. Quiero para mis 18 exactamente lo mismo que para mis 17. Quiero viajes, con las mismas personas de siempre. No quiero que salga de mi vida nadie que haya sido determinante en este último año. Pero sin embargo, exijo conocer nuevas personas, exijo disfrutar de mis 18 en la carrera que elija de la Universidad que elija. Me propongo no cambiar, a no ser que considere que todo cambio es estrictamente necesario y que será para mejor. Empeorar no es una opción cuando acabas de cumplir tus no tan ansiados 18. Y digo no tan ansiados porque obtener responsabilidades me aterra, crecer me asusta y no estar a la altura de las expectativas es mi mayor miedo.
Que mis 18 estén llenos de buena gente que traiga consigo buenos momentos, de alegrías, de fiestas, de borracheras, de viajes, de caprichos, porque qué coño, me lo merezco.
domingo, 9 de marzo de 2014
Vampires will never hurt you.
Si me fuese, si algún día cometiese el tremendo error de faltarte, necesito que sepas que todas mis promesas eran ciertas. Te parecerá que he desaparecido de tu vida, pero ni tú mismo podrías echarme. Porque cuando digo te quiero, lo digo de verdad. Por y para siempre. Porque solo tendrías que llamarme, que yo cruzaría mares, atravesaría bosques y bordearía montañas por demostrarte que todo lo que te dije, lo sentía. Porque soy de las legales, de las que se no se achantan, a las que un puñado de indiferencias no la apartan de tu camino, sólo la ponen en la sombra, a la espera. Aguardando a que necesites mi regreso. No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante. Pero pese a todo, no podría coniderarte un mal, y si de verdad lo eres, tú puedes durarme 100 o 200, que mi cuerpo está hecho a base de golpes, y lo aguantará.
No me planteo el momento de desaparecer por siempre de tu vida, porque eso supondría hacer como si nunca hubiese estado en ella, y no lo conseguiría. Seguiré interesándome por lo que tengan que contarme de ti, seguiré alegrándome de tus progresos, y entristeciéndome con tus fracasos, aunque pienses que es al contrario, aunque quizá tú ni pienses en mí.
Creo que primero tienes que perder, para luego poder ganar. Considero que todas las pérdidas que he sufrido, me han llevado a ganar aquello con lo que no podría siquiera haber soñado. Pero me gusta saber, que pese a todo lo que he ganado, las pérdidas son igual de importantes, porque me han ayudado a construirme, me hicieron fuerte cuando los vi machar, creé la piscina en la que hoy me divierto con los que he ganado, a base de lágrimas que derramé por los que perdí.
Estoy a punto de cumplir 18 años, y me he dado cuenta de que no quiero perder más gente, las personas van y vienen. De las llegadas, ojalá vengan sin billete de vuelta. De las idas, me gusta pensar que es un hasta luego, no un hasta siempre, y en este punto de mi vida, estoy empezando a recordarles a esas idas que siempre tendrán un lugar en mi estación. Que quizá no consigamos que sea tan cálido y acogedor como antes, pero la palabra rencor, no es precisamente de mis preferidas.
Puedo aseguraros que una vez perdí a una persona por una de mis estupideces, por un malentendido, y mientras lloraba, jamás podría haberme imaginado que la perdí para que tras 2 años, la ganase mucho más fuerte.
Para todos aquellos que conocí y decidieron que su lugar no estaba junto a mí.
No me planteo el momento de desaparecer por siempre de tu vida, porque eso supondría hacer como si nunca hubiese estado en ella, y no lo conseguiría. Seguiré interesándome por lo que tengan que contarme de ti, seguiré alegrándome de tus progresos, y entristeciéndome con tus fracasos, aunque pienses que es al contrario, aunque quizá tú ni pienses en mí.
Creo que primero tienes que perder, para luego poder ganar. Considero que todas las pérdidas que he sufrido, me han llevado a ganar aquello con lo que no podría siquiera haber soñado. Pero me gusta saber, que pese a todo lo que he ganado, las pérdidas son igual de importantes, porque me han ayudado a construirme, me hicieron fuerte cuando los vi machar, creé la piscina en la que hoy me divierto con los que he ganado, a base de lágrimas que derramé por los que perdí.
Estoy a punto de cumplir 18 años, y me he dado cuenta de que no quiero perder más gente, las personas van y vienen. De las llegadas, ojalá vengan sin billete de vuelta. De las idas, me gusta pensar que es un hasta luego, no un hasta siempre, y en este punto de mi vida, estoy empezando a recordarles a esas idas que siempre tendrán un lugar en mi estación. Que quizá no consigamos que sea tan cálido y acogedor como antes, pero la palabra rencor, no es precisamente de mis preferidas.
Puedo aseguraros que una vez perdí a una persona por una de mis estupideces, por un malentendido, y mientras lloraba, jamás podría haberme imaginado que la perdí para que tras 2 años, la ganase mucho más fuerte.
Para todos aquellos que conocí y decidieron que su lugar no estaba junto a mí.
martes, 21 de enero de 2014
Desde cero.
Por ti. Por mí. Por ella. Por el público. Desde cero. Poquito a poco, desde el principio, otra vez. Conozco pocas cosas más bonitas que los principios. Y pocas más tristes que los finales. Pero si es un final no muy feliz, que da pie a un principio mucho más encantador que el primero, merecerá la pena.
Volvamos a forjar esos lazos, ya construidos pero rotos.
Cierra los ojos. Concéntrate. Imagíname a tu lado, delante de varias cabezas. Puedes imaginar que estás bailando, que estás cantando o que estás actuando. Vuelves a tener la oportunidad de elegir. ¿Piensas dejarla escapar? Claro que no. Abre los ojos y no mires atrás. No te preguntes qué falló. Pregúntate qué salió bien para que la vida nos vuelva a dar esta oportunidad.
Cuanto peor nos salga, échale más garra, más ganas y más sonrisas de esas tuyas que emboban al mundo. La vida es como ese ensayo general que sale tan mal y te obliga a improvisar, pero que al final, cuanto peor salga el ensayo, mejor saldrá la actuación.
Prohibido ponerse nervioso. No se vive nervioso, que el corazón se resiente y ambos sabemos que el nuestro no necesita más daños, solo más años para seguir disfrutando.
Eleva la voz. Es maravillosa. ¿Serías tan egoísta de privar a alguien de escucharla? No olvides vocalizar, que quiero entenderte, comprenderte y así aprender a valorarte. Más aún, si se puede.
"Poquito a poco entendiendo, que no vale la pena andar por andar, que es mejor caminar para ir creciendo." Si de esto, solo sacamos lo que cualquier persona puede ver, será en vano. Así que recapacita. Que a veces los valores más valiosos se encuentran escondidos. Te puedo dar una pista. Esto te ayudará a crecer como artista. A crecer como persona. A conocer nuevas posibilidades, a conocerme mejor a mí, a ella y a ti mismo. Sigue añadiéndole buenos motivos a esta lista.
Gesticula y exprésate. Adelante. Sin miedo. Sabes ponerme la piel de gallina y hacer que llore de felicidad, ahora transmíteselo a todo el mundo, déjame presumir de compañero.
Recuerda, cualquier nuevo proyecto que empieces, empiézalo con muchas ganas y avísame. Que tus ganas y mis ganas, suman un resultado muy poderoso.
"Te espero, este teatro es para ti."
Volvamos a forjar esos lazos, ya construidos pero rotos.
Cierra los ojos. Concéntrate. Imagíname a tu lado, delante de varias cabezas. Puedes imaginar que estás bailando, que estás cantando o que estás actuando. Vuelves a tener la oportunidad de elegir. ¿Piensas dejarla escapar? Claro que no. Abre los ojos y no mires atrás. No te preguntes qué falló. Pregúntate qué salió bien para que la vida nos vuelva a dar esta oportunidad.
Cuanto peor nos salga, échale más garra, más ganas y más sonrisas de esas tuyas que emboban al mundo. La vida es como ese ensayo general que sale tan mal y te obliga a improvisar, pero que al final, cuanto peor salga el ensayo, mejor saldrá la actuación.
Prohibido ponerse nervioso. No se vive nervioso, que el corazón se resiente y ambos sabemos que el nuestro no necesita más daños, solo más años para seguir disfrutando.
Eleva la voz. Es maravillosa. ¿Serías tan egoísta de privar a alguien de escucharla? No olvides vocalizar, que quiero entenderte, comprenderte y así aprender a valorarte. Más aún, si se puede.
"Poquito a poco entendiendo, que no vale la pena andar por andar, que es mejor caminar para ir creciendo." Si de esto, solo sacamos lo que cualquier persona puede ver, será en vano. Así que recapacita. Que a veces los valores más valiosos se encuentran escondidos. Te puedo dar una pista. Esto te ayudará a crecer como artista. A crecer como persona. A conocer nuevas posibilidades, a conocerme mejor a mí, a ella y a ti mismo. Sigue añadiéndole buenos motivos a esta lista.
Gesticula y exprésate. Adelante. Sin miedo. Sabes ponerme la piel de gallina y hacer que llore de felicidad, ahora transmíteselo a todo el mundo, déjame presumir de compañero.
Recuerda, cualquier nuevo proyecto que empieces, empiézalo con muchas ganas y avísame. Que tus ganas y mis ganas, suman un resultado muy poderoso.
"Te espero, este teatro es para ti."
lunes, 13 de enero de 2014
November rain.
No sé si gritarte que la frase "Te echaría de menos aunque no te conociera." te hace justicia como ninguna. Me apetece gritarte muchas cosas, me apetece gritar a tu lado, me apetece gritarle a los estúpidos que son estúpidos, y a los enamorados, que son estúpidos también; pero esta frase en especial, me parece que es mejor decirla flojito, que el mundo no comprende esto y podrían tacharme por loca, por tarada, por enamorada. Y no lo queremos. Que los enamorados son estúpidos y sentimentales. Oh, tal vez yo sea la excepción que es sin ser. Estúpida y sentimental, pero no enamorada. O quizá sí.
Puedo decirte más alto, todo lo que mi voz me lo permita, que pueden pasar días, meses, años que lo que pienso seguirá intacto. Pero dudo que mis posibilidades me dejen explicártelo mejor, porque hay cosas que pierden su encanto cuando se explican. Unas palabras tienen el valor que quieras darle, y a estas, si quieres, puedes darle todo el valor que yo tengo cuando te escribo, todo el valor que tienen todas las palabras que van directas de mi boca a tus oídos, o de mi tinta, a tus recuerdos o a tus olvidos. Mis palabras son el reflejo de mis sentimientos, y lo que una siente, es inexplicablemente absurdo. Pero es, y siendo, es maravilloso.
De aquí, puedes extraer que, cada vez que te preguntes qué estaré haciendo, la respuesta siempre será la misma: echarte de menos.
Así que dime, ¿te lo grito o me lo guardo? ¿O mejor te lo digo, pero flojito?
Puedo decirte más alto, todo lo que mi voz me lo permita, que pueden pasar días, meses, años que lo que pienso seguirá intacto. Pero dudo que mis posibilidades me dejen explicártelo mejor, porque hay cosas que pierden su encanto cuando se explican. Unas palabras tienen el valor que quieras darle, y a estas, si quieres, puedes darle todo el valor que yo tengo cuando te escribo, todo el valor que tienen todas las palabras que van directas de mi boca a tus oídos, o de mi tinta, a tus recuerdos o a tus olvidos. Mis palabras son el reflejo de mis sentimientos, y lo que una siente, es inexplicablemente absurdo. Pero es, y siendo, es maravilloso.
De aquí, puedes extraer que, cada vez que te preguntes qué estaré haciendo, la respuesta siempre será la misma: echarte de menos.
Así que dime, ¿te lo grito o me lo guardo? ¿O mejor te lo digo, pero flojito?
domingo, 5 de enero de 2014
Queridos Reyes Magos:
Queridos Reyes Magos:
Creo que lleváis unos años riéndoos de mí. Vosotros y todas aquellas estúpidas veces en que me permito pedir un deseo; aún sabiendo que no se cumplirá.
La carta a los Reyes, la carta a Papá Noel, mis cumpleaños, las estrellas fugaces, y como olvidar esa estúpida manía mía que me caracteriza de levantar los brazos cada vez que paso por un túnel.
Esos son momentos de esperanza, en los que durante algún que otro año le rogué al cosmos que se alineara y me ayudara. Repetía el mismo deseo cada vez que se me permitía, me lo guardaba para mí, porque con lo supersticiosa que soy y lo mucho que lo deseaba, ¿cómo contarlo si dicen que si lo cuentas no se cumple? Igual fue mi culpa, que no supe explicar lo que deseaba y por eso llegó a medias.
Yo ya no sé a quien escribirle. ¿Alguna vez le he escrito a alguien? Creo que me malinterpretáis. Si escribo para alguien, ese alguien soy yo. Y me da igual que os identifiquéis, que os nombre o que os diga que es para vosotros, cada entrada es una forma de demostrarme a mí misma que quiero a la persona en la que pienso cuando escribo. Así que ésta no será menos, me la dedico a mí mientras pienso en todos los que deseo que los Reyes Magos me regalen la oportunidad de seguir conociendo. Los que están desde hace mucho, los que lo están desde hace no tanto, los que están a medias, los que me devuelven la ilusión, los que me hacen reír, los que me ven llorar, los que aguantan mis excentricidades, los que me regañan, los que me dejan ser inmadura, los que me hacen madurar, los que bailan comigo, los que cantan, los del sí y luego no, los que me regalan su tiempo y me dejan regalarles el mío.
Queridas majestades, habrán notado que últimamente ha habido un cambio en mis deseos. Que aquel anhelado deseo que no llegó a completarse, ha sido reemplazado. (Que no significa que deje de desearlo, pero a veces debes cambiar de prioridades) Ahora no pido más que fuerza y paciencia, porque me he dado cuenta de que lo que actualmente deseo, no necesita un milagro, necesita mi trabajo diario. Así que pido fuerza para aguantar los dos trimestres que me quedan. Fuerza y paciencia para seguir haciendo felices a los que me importan, para no cagarla con ellos. Así como está mi vida, admito nuevas altas, pero no bajas.
Sí, desde luego, dejar de ser débil y empezar a vivir como Dios manda puede ser el mejor regalo de Reyes que jamás me hayan hecho.
Creo que lleváis unos años riéndoos de mí. Vosotros y todas aquellas estúpidas veces en que me permito pedir un deseo; aún sabiendo que no se cumplirá.
La carta a los Reyes, la carta a Papá Noel, mis cumpleaños, las estrellas fugaces, y como olvidar esa estúpida manía mía que me caracteriza de levantar los brazos cada vez que paso por un túnel.
Esos son momentos de esperanza, en los que durante algún que otro año le rogué al cosmos que se alineara y me ayudara. Repetía el mismo deseo cada vez que se me permitía, me lo guardaba para mí, porque con lo supersticiosa que soy y lo mucho que lo deseaba, ¿cómo contarlo si dicen que si lo cuentas no se cumple? Igual fue mi culpa, que no supe explicar lo que deseaba y por eso llegó a medias.
Yo ya no sé a quien escribirle. ¿Alguna vez le he escrito a alguien? Creo que me malinterpretáis. Si escribo para alguien, ese alguien soy yo. Y me da igual que os identifiquéis, que os nombre o que os diga que es para vosotros, cada entrada es una forma de demostrarme a mí misma que quiero a la persona en la que pienso cuando escribo. Así que ésta no será menos, me la dedico a mí mientras pienso en todos los que deseo que los Reyes Magos me regalen la oportunidad de seguir conociendo. Los que están desde hace mucho, los que lo están desde hace no tanto, los que están a medias, los que me devuelven la ilusión, los que me hacen reír, los que me ven llorar, los que aguantan mis excentricidades, los que me regañan, los que me dejan ser inmadura, los que me hacen madurar, los que bailan comigo, los que cantan, los del sí y luego no, los que me regalan su tiempo y me dejan regalarles el mío.
Queridas majestades, habrán notado que últimamente ha habido un cambio en mis deseos. Que aquel anhelado deseo que no llegó a completarse, ha sido reemplazado. (Que no significa que deje de desearlo, pero a veces debes cambiar de prioridades) Ahora no pido más que fuerza y paciencia, porque me he dado cuenta de que lo que actualmente deseo, no necesita un milagro, necesita mi trabajo diario. Así que pido fuerza para aguantar los dos trimestres que me quedan. Fuerza y paciencia para seguir haciendo felices a los que me importan, para no cagarla con ellos. Así como está mi vida, admito nuevas altas, pero no bajas.
Sí, desde luego, dejar de ser débil y empezar a vivir como Dios manda puede ser el mejor regalo de Reyes que jamás me hayan hecho.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)