Personalmente, espero que entre mis 17 y mis 18 no haya ningún cambio significativo. Soy consciente de que cada vez existen más responsabilidades, pero soy mucho más consciente de que una simple cifra no cambiará mi inmadurez, de que la mayoría de edad no evitará que siga pensando que en el fondo soy como una niña, pasen los años que pasen, mi torpeza no mejorará, sino que probablemente e problema se agravará, mis inseguridades crecerán a mi son y los fantasmas que llevo conmigo no se alejarán solo porque, según la constitución, tengo derecho a votar.
Me voy a permitir ser caprichosa y avariciosa a partes iguales. Quiero para mis 18 exactamente lo mismo que para mis 17. Quiero viajes, con las mismas personas de siempre. No quiero que salga de mi vida nadie que haya sido determinante en este último año. Pero sin embargo, exijo conocer nuevas personas, exijo disfrutar de mis 18 en la carrera que elija de la Universidad que elija. Me propongo no cambiar, a no ser que considere que todo cambio es estrictamente necesario y que será para mejor. Empeorar no es una opción cuando acabas de cumplir tus no tan ansiados 18. Y digo no tan ansiados porque obtener responsabilidades me aterra, crecer me asusta y no estar a la altura de las expectativas es mi mayor miedo.
Que mis 18 estén llenos de buena gente que traiga consigo buenos momentos, de alegrías, de fiestas, de borracheras, de viajes, de caprichos, porque qué coño, me lo merezco.
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