Lo admito, no soy una persona ordenada. No me organizo, las cosas las preparo en el último momento, con estrés y nervios. Da igual que sea un viaje que un examen.
Mis exámenes son sucios, de los que los profesores te anotan "¡¡CCUIDA LOS MÁRGENESSS!!" o de los que te llaman y te piden que mejores en cuanto a la limpieza de cara a la PAU. Hago exámenes con typex encima de typex, con tachones y borrones cuantiosos, mala letra, ni un milímetro de margen, asteriscos y flechas que muestran lo descuidada y olvidadiza que soy. en mis exámenes hay huecos en blanco tan grandes como los de mi memoria.
Mi cuarto es mi pequeño caos, otro desorden casi tan grande como el mío propio mental. No dura ordenado más de un día, quizá el día que consiga organizar lo que hay dentro de mi cabeza, lo de dentro de mi cuarto aguante en su sitio. Hasta entonces, nada en mi vida lleva unas pautas fijas, actúo por impulsos, me dejo llevar, las decisiones las tomo a "pito pito gorgorito" porque es de lo que más odio en esta vida, hablo sin pensar y nunca tengo en cuenta las consecuencias que puedan acarrear mis actos impulsivos. Está claro que soy impulsiva, algo histérica y dramática. Luego vienen los arrepentimientos pero demasiado tarde generalmente.
Emocionalmente inestable. Yo sola puedo pasar de la más absoluta felicidad a la más profunda tristeza en cuestión de segundos, qué malas pasadas me juega mi querida imaginación.
Conóceme, abre mi maleta y descrube que soy de las que la llenan de "por si acaso" y la cierran sentándose encima. Aprende a aceptar mis episodios más malos y a disfrutar los que más te gusten.
Diviértete a la vez que te asustas de mis ideas macabras, déjate llevar por lo "loca" que dicen que estoy.
No abras mi armario después de que mi madre me haya dicho "U ordenas tu cuarto o no sales." ni entres a mi cuarto después del típico "¿qué me pongo?" porque solo encontrarás caos.
Apúntate la frase "deja que fluya", que te la voy a repetir, y no me estreses con lo que tengo que hacer y el poco tiempo que me queda, simplemente ¡deja que fluya! y ¡Carpe diem! Que como dice el dicho, no dejes para mañana lo que puedas hacer pasado. Cierto, no es así, pero a mí me gusta más de ese modo.
Bienvenido a mi desorden, disfrútelo y bajo ninguna circunstancia intentes ordenarlo, tú tiempo es oro.
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