Reconozco que sigo corriendo en pos de algo que nunca va a suceder y que, aún así, me gustaba pensar que esto era lo correcto.Por primera vez en mi vida, tomé yo sola una decisión, con todos sus riesgos y consecuencias, desobedeciendo a todos aquellos a los que siempre escucho de buen agrado. Me advirtieron del dolor de las caídas y aún así se ofrecieron a estar siempre ahí para ponerme mil y un parches. Hace tiempo me convencí de que por primera vez en mi vida, debía desobedecer e intentar que algo saliese, en la medida de lo posible, como yo quisiera. Sabía que sufriría pero que también sería muy reconfortante, y que lo bueno, al final, siempre ganaría a lo malo. El problema vino cuando la destrucción ganó la batalla y yo, harta de ser positiva y optimista, tuve que derrumbarme. Y no sé de qué me sorprendo, si torres más altas han caído. Quizá porque esta vez volví a cometer el error de confiar, cuando ya hace tiempo que me di cuenta de que al final del camino, lo único que tienes es a ti mismo. Me decís que es triste que no consiga confiar en nadie; pero después de tanto abrir una misma herida, a veces es imposible cerrarla.
Ahora, podréis decirme "te lo dije" y tendré que escuchar y callar mientras relamo mis heridas
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