martes, 25 de marzo de 2014

Dieciocho.

No sé qué cambio se supone que hay entre hace unos minutos y ahora. Legalmente, hace unos minutos mis límites eran cuantiosos, ahora puedo hacer algunas (pocas) cosas más.
Personalmente, espero que entre mis 17 y mis 18 no haya ningún cambio significativo. Soy consciente de que cada vez existen más responsabilidades, pero soy mucho más consciente de que una simple cifra no cambiará mi inmadurez, de que la mayoría de edad no evitará que siga pensando que en el fondo soy como una niña, pasen los años que pasen, mi torpeza no mejorará, sino que probablemente e problema se agravará, mis inseguridades crecerán a mi son y los fantasmas que llevo conmigo no se alejarán solo porque, según la constitución, tengo derecho a votar.
Me voy a permitir ser caprichosa y avariciosa a partes iguales. Quiero para mis 18 exactamente lo mismo que para mis 17. Quiero viajes, con las mismas personas de siempre. No quiero que salga de mi vida nadie que haya sido determinante en este último año. Pero sin embargo, exijo conocer nuevas personas, exijo disfrutar de mis 18 en la carrera que elija de la Universidad que elija. Me propongo no cambiar, a no ser que considere que todo cambio es estrictamente necesario y que será para mejor. Empeorar no es una opción cuando acabas de cumplir tus no tan ansiados 18. Y digo no tan ansiados porque obtener responsabilidades me aterra, crecer me asusta y no estar a la altura de las expectativas es mi mayor miedo. 
Que mis 18 estén llenos de buena gente que traiga consigo buenos momentos, de alegrías, de fiestas, de borracheras, de viajes, de caprichos, porque qué coño, me lo merezco.

domingo, 9 de marzo de 2014

Vampires will never hurt you.

Si me fuese, si algún día cometiese el tremendo error de faltarte, necesito que sepas que todas mis promesas eran ciertas. Te parecerá que he desaparecido de tu vida, pero ni tú mismo podrías echarme. Porque cuando digo te quiero, lo digo de verdad. Por y para siempre. Porque solo tendrías que llamarme, que yo cruzaría mares, atravesaría bosques y bordearía montañas por demostrarte que todo lo que te dije, lo sentía. Porque soy de las legales, de las que se no se achantan, a las que un puñado de indiferencias no la apartan de tu camino, sólo la ponen en la sombra, a la espera. Aguardando a que necesites mi regreso. No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante. Pero pese a todo, no podría coniderarte un mal, y si de verdad lo eres, tú puedes durarme 100 o 200, que mi cuerpo está hecho a base de golpes, y lo aguantará.
No me planteo el momento de desaparecer por siempre de tu vida, porque eso supondría hacer como si nunca hubiese estado en ella, y no lo conseguiría. Seguiré interesándome por lo que tengan que contarme de ti, seguiré alegrándome de tus progresos, y entristeciéndome con tus fracasos, aunque pienses que es al contrario, aunque quizá tú ni pienses en mí.
Creo que primero tienes que perder, para luego poder ganar. Considero que todas las pérdidas que he sufrido, me han llevado a ganar aquello con lo que no podría siquiera haber soñado. Pero me gusta saber, que pese a todo lo que he ganado, las pérdidas son igual de importantes, porque me han ayudado a construirme, me hicieron fuerte cuando los vi machar, creé la piscina en la que hoy me divierto con los que he ganado, a base de lágrimas que derramé por los que perdí.
Estoy a punto de cumplir 18 años, y me he dado cuenta de que no quiero perder más gente, las personas van y vienen. De las llegadas, ojalá vengan sin billete de vuelta. De las idas, me gusta pensar que es un hasta luego, no un hasta siempre, y en este punto de mi vida, estoy empezando a recordarles a esas idas que siempre tendrán un lugar en mi estación. Que quizá no consigamos que sea tan cálido y acogedor como antes, pero la palabra rencor, no es precisamente de mis preferidas.
Puedo aseguraros que una vez perdí a una persona por una de mis estupideces, por un malentendido, y mientras lloraba, jamás podría haberme imaginado que la perdí para que tras 2 años, la ganase mucho más fuerte.

Para todos aquellos que conocí y decidieron que su lugar no estaba junto a mí.