Las palabras, dichas y escuchadas puedan quedar genial, pero este último año he aprendido que las palabras no sirven de nada, si luego no se demuestran.
Y cuando las palabras, no son escritas, son dichas, son más fáciles de interpretar, porque con las palabras vienen los gestos.
Pero cuando esas palabras te llegan a través de una pantalla, el valor de éstas no es más que el que quieras darle, pero te aconsejo que este valor sea más bien nulo.
Muchas veces me he ilusionado y me han prometido a través de una pantalla, incluso yo lo he hecho, porque todo es más fácil, pero cuando estás frente a frente con esa persona, te das cuenta de que era palabrería, de que ahora todo son escusas.
He llegado a la conclusión de no debo creer en nada, hasta que se me demuestre que es real. Ni creer en nadie, hasta que me demuestre que es leal. Que como bien dice el refrán, "las palabras se las lleva el viento".

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