Tendría que aprender cuándo he perdido, cuándo pelear y cuándo apartarme e ir en pos de otra oportunidad. Y no me refiero a pedirle una oportunidad a la misma piedra, porque cuando has caído 3 veces quizá debas plantearte cambiar el camino. O quizá no. Quién va a venir a juzgar mis estúpidas decisiones, nadie debería. Yo decido cuándo paro y cuándo sigo. Cuándo ser positiva y cuándo cerrar una etapa. El otoño, estación de cambios. Transición al invierno. ¿Estarán en invierno las mismas personas que en verano? Quizá no. Y no por ello fueron menos reales. Hay momentos y personas que pasan como una estrella fugaz, efímeros pero significantes. Te marcan, te dejan huella. Pero por mucho cariño que le cojamos a algunas prendas de ropa, madurar es saber que no volverás a vestirla. Que a veces debería ser más realista y dejar de encariñarme con la piedra que me tira al suelo y la prenda que ya no me cabe. “Si aprieta, no es tu talla.” Aplicable a cualquier situación. El futuro es siempre incierto, la vida sigue poniéndonos a prueba; aprieta pero no ahoga.
La frase “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” no casa conmigo. Sí sé lo tengo, soy consciente en cada momento de las cosas buenas de mi vida, y las valoro mucho más que cuando las pierdo. Quizá sea yo peculiar, pero es verdad, es cuando pierdo algo o a alguien que me planteo si realmente era tan bueno o tan necesario. Si la vida sigue quizá sea porque no lo era; el que se fue sin ser echado, probablemente vuelva sin ser llamado. Pero para qué darle más vueltas e intentar encontrarle una explicación a cosas que no la tienen. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado? ¿Podría haberlo evitado? ¿He hecho todo lo que estaba en mi mano? Y qué más da. Hago lo que siento en cada momento y ni la embriaguez es excusa. Porque si lo dije borracha, lo pensé serena. Y sí, a veces me dejo aconsejar, o influenciar o como queramos llamarlo. Pero al final del día, cuando las luces se apagan, no hay nadie más que mi conciencia. Y estoy tranquila, porque dejarme aconsejar también es tomar una decisión. Porque en el momento en el que lanzas una moneda al aire, ya sabes qué lado de la moneda quieres que salga. Porque estoy harta de excusas. Porque voy a seguir siendo yo misma, construyéndome daño a daño. Estación a estación.