"A veces visualizo
a los falsos amigos.
Como malabares con platos chinos,
quieren que los levantes,
que los sujetes mientras giran a tu alrededor.
Pero son tan inestables
que cada vez
necesitan más y más atención
hasta que, inevitablemente,
se terminan cayendo,
pretendiendo que pagues
los platos rotos,
acusándote de que
no los cuidaste lo suficiente
y que lo hiciste adrede,
queriendo,
pues se siente...
Yo nunca presumí,
de ser malabarista,
como mucho, de ser artista.
Y, como de todo se aprende,
aprendí que los verdaderos amigos
no tienen por qué tener siempre
un palo metido en el culo.
Pagan la cuenta a medias,
aunque cojas de su plato,
y avisan cuando hay
una mosca, un interesado
o un pelo en el tuyo.
Tengo pocos amigos
y muchos amagos,
así que a partir de ahora
los que vengan de nuevas
que traigan cubiertos,
vasos y platos de plástico
para tener ocupadas
las malas lenguas, por si acaso,
para ayudar a pasar los malos tragos."
Se supone que he dejado atrás la época del primer amor y el primer desamor, la época de los errores. Creo que ahora se me pide madurar, o algo así, he ido con lobos vestidos con pieles de cordero y que me la han jugado en cuanto han podido. Me han visto la cara de tonta por ir de buenas cuando sentía que debía ir de malas, por callar cuando sentía que debía gritar. He perdonado y olvidado, y sufrido las consecuencias de no hablar claro. Pero ahora, que he encontrado con quién puedo ser yo misma, sin prejuicios ni tapujos, he decidido que no necesito gente tóxica a mi lado, que me apetece ser egoísta y dejar de sufrir yo porque otros no lo hagan. Ahora que tengo quién prefiere decirme que me odia aunque en el fondo me quiera, no necesito a nadie que diga quererme aunque en el fondo me odie y solo piense en sí misma. Quiero rodearme de gente con la que pelearme por haber ido con la verdad por delante, no de gente con la que llevarme bien por haberme mentido a las espaldas. De gente que diga menos y actúe más, que me demuestren cada día que les importa mi bienestar. No quiero rodearme de corderos ni de zorras, pero sí de lobos en pieles de lobos, que no oculten lo que son.
Me gusta la gente que me hace de comer, pero que no me come la oreja. Me encanta tener a alguien de plena confianza a mi lado, que no existan ni los secretos ni los temas tabú. Que la confianza, algo difícil de conseguir y muy fácil de perder, sea mutua, y saber que van a estar ahí. Una vez que he perdido toda confianza en alguien, he perdido toda la fe en que nuestra amistad pueda durar. Gracias a las malas amistades y la necesidad de desahogarme, he conocido mejores confidentes. Todos sabemos ser falsos, pero no voy a ocultar lo que de verdad siento. Pesan más los daños que los años, aunque diecinueve son suficientes como para saber dónde poner un punto y final.