Recuerdo que fue hace dos veranos cuando leí
El Alquimista de Paulo Coelho. Me costó entenderlo, pero una vez que lo hice, aquel simple libro consiguió ayudarme tanto o más que un amigo. El lazo que crea un lector con un libro que le gusta, siempre me ha resultado fascinante. Esto viene porque al leerlo hubo una frase que me llamó especialmente la atención, decía algo así como que
cuando realmente deseas algo, todo el universo conspira para que se haga realidad. Por entonces pensé que era la mayor tontería que había leído jamás, pero hablando con un amigo me explicó que sí era cierto, que a él le habían sucedido varias cosas que de verdad ansiaba, y así entré en razón. Me di cuenta de que tenía todo lo que quería y todo lo que necesitaba, pero estaba tan ciega que era incapaz de verlo.
Hoy escribo esto porque desde hace ya un tiempo me viene sucediendo algo que llevaba mucho tiempo deseando y que me era relativamente imposible conseguir.
Llevo años queriendo un gato, pero mi madre, desde que murió Kartoffel se ha negado a que tenga otro. La gente que convive conmigo diariamente sabe que no es un capricho, que es verdadero amor lo que siento por los gatos pardos. Una noche, salí a tirar la basura y cerca me encontré un gato, se me acercó y no pude evitar quedarme acariciándolo, hoy, calculo que más de un mes después, me sigue esperando todos los días en el mismo sitio, viene a por unos arrumacos y lo veo irse por una calle. Sé que no puedo decir "tengo gato", pero esto significa mucho para mí. Ojalá algún día Hachi pueda venirse conmigo a casa.